De mi abuela aprendí el arte de tejer. Ella cada tarde cogía hilo y aguja y creaba objetos preciosos con sus manos. Y yo enmudecía mirándola. Mi madre también heredó su saber hacer y a mí me llegó ese mundo ya de pequeña, siempre entre ovillos, lana, hilos y agujas.

Creo todo tipo de objetos, y transformo piezas obsoletas que encuentro o que me hacen llegar, reciclo telas y les doy una segunda vida.

Me apasiona lo bello, lo artesano, la autenticidad de cada objeto, y lo plasmo en prenda.

Y como mi abuela, me dedico a ello con pasión y mucho cariño, como un alquimista del hilo y la aguja.